Lady Alexiel (diosa_athenea) wrote in alphom,
Lady Alexiel
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Saint Seiya: Ice Queen

Autor: diosa_athenea // Lady Alexiel
Fandom: Saint Seiya
Disclaimer: Todo Saint Seiya es de Kuru-sapo sama, de la Toei y de un monton más. Mía dentro de la historia es Alexiel, y fuera de ella mis mangas, gashapons y demás... Así que no me metáis en el trullo


Lo digo ahora y lo diré siempre.

Nunca me gustará el calor de esta región, es diferente al calor del volcán. Amo el frío y todo lo que con el trae. Al salir del avión junto a Lady Flare observo las gentes de allí, tan morenos y sonrientes; me vuelvo a la señorita y ella también sonríe, buscando a alguien con sus ojos. Suspiro agobiada, no tengo ganas de estar aquí, no quiero estar aquí y no debo estar aquí... Quiero volver a Asgard, con Hagen y con Siegfried, quiero volver a correr por los pasillos del Valhalla y llevarme las regañinas de las Valquirias mayores...

- Ya llegó -oigo decir a la princesa Flare, me vuelvo a ella y veo a donde señalan sus blancos y finísimos dedos; cabello oscuro, ojos índigo y unos labios dignos de besarse. Sacudo la cabeza¿pero qué demonios estoy pensando? Aún no conozco a este tipo, además soy una Valquiria del Dios Odín.

- Lady Flare -su voz era un cántico de ángeles y de demonios a la vez, frío y calido, salado y dulce. Mi cuerpo se estremeció por completo, en ese instante me miró y yo le devolví una mirada tan fría como la de él, mis bajos instintos se calmaron rápidamente tras de aquello. La princesa me lo presentó como el guardián de la Onceava Casa del Santuario de la Diosa Atenea, el mismo donde ahora me dirijo.

- También es Maestro de Hyoga del Cisne -dice alegremente Lady Flare, mi cuerpo se tensiona y me quedo parada con la mirada vacía al horizonte-. ¿Alexiel?

- ¿Cygnus Hyoga? -pregunto aún incrédula de todo lo que está pasando por mi mente a una velocidad vertiginosa.

- Así es -responde el joven de ojos índigos clavando sus ojos en los míos más claros.

Cygnus Hyoga, el mismo que fue a Asgard antes que ninguno de sus compañeros. El mismo que embaucó a Lady Flare, el mismo que se enfrentó a Hagen, mi hermano, mi Maestro y mi padre... Mi única familia. Su asesino... el mismo que ahora se acerca a nosotros en la entrada del Santuario.

Sin duda alguna, Grecia si es un sitio extraño, muy extraño.

Estoy demasiado estresada desde que le he visto. Hagen nunca ha dejado de decirme que no debo pensar mal en él, que nosotros éramos los equivocados, que estábamos manipulados pero mi hermano no entiende lo que yo sentí al verle muerto... muerto de manos del que ahora le sonríe a mi princesa y me mira extrañamente.

¿Curiosidad, Cisne¿No me recuerdas?

El Maestro me mira de arriba a abajo, observa la mirada que le dedico a su alumno y parece que intenta entrar en mi mente para saber algo. Le miro y le dedico la más fría de mis miradas, cerrando mi mente a él. Lady Flare se da cuenta de lo incómoda que me encuentro y pone una mano en mi hombro. Suspiro y sigo adelante, pero siempre atenta a lo que hablan o pueden decir de mí.

- ¿Quién es ella, Flare?

- Se llama Alexiel, es una futura Diosa Guerrera.

- Parece una persona bastante fría…

- Justo como vos, Maestro Camus, ella es una Maestra del hielo.

Camus, así que el otro se llama Camus y es un Maestro de los hielos. Sonrío justo al llegar a la última de las Casas del Zodíaco, si este Maestro supiera todas las cartas que puedo llegar a jugar. Lady Flare se posiciona a mi lado y entramos a ese llamado Templo del Patriarca, me echo algo atrás dejando entrar antes a mi princesa por aquel pasillo de armaduras doradas, doce de ellas, para ser concretos.

A los lados de cada Caballero su alumno o alumna y al final los Caballeros de Bronce. La princesa hizo una leve reverencia a un joven de cabellos verdosos y sonrió, el hombre le tomó la mano y la llevó con él. Yo me quedé atrás con una rodilla en el suelo y sin levantar la mirada, escuchando los cuchicheos de los atenienses al ver que no movía uno solo de mis músculos.

- Levántate Alexiel de Merak -la sorpresa cruzó la cara del Cisne al escuchar el apellido-. Sed bienvenida a las tierras de la Diosa Atenea.

- Muchas gracias, Milord -dije haciendo una leve reverencia.

- ¿Os sentís bien en este calor?

- Es una leve brisa veraniega -susurré levemente y sonreí torvamente-. Comparado con el dominio del fuego y del hielo en manos de un Merak, esto es eso, Milord, brisas...

Punto para la nórdica: Alexiel 1 - Grecia 0

Observo a los maestros y alumnos atenienses, algunos al escuchar mis palabras solo ríen pero otros parecen molestos, muy molestos entre ellos un joven de ojos verdes y piel morena; le veo cerrar los puños tan fuertes y eso me hace reír.

-Espero entonces que la brisa sea de su agrado.

-Así es, Milord -dije volviendo a bajar mi mirada mientras Lady Flare volvía a hablar con él, más tarde me enteraría era el Patriarca, sentí las miradas de todos sobre mí, especialmente del Caballero de Acuario y de una de las alumnas que estaban allí presentes.

- ¿Cuál es tu signo del zodíaco, muchacha?

- Escorpio, Milord -en ese instante el joven de ojos verdes se estremece y suspira angustiado. A su lado otro joven le palmea la espalda, entre ellos está esa jovencita que no deja de mirarme.

- Milo de Escorpión -el aludido da un paso adelante, yo lo observo y río por dentro-. Alexiel de Merak -me levanto y cruzo una mirada con el Escorpión y luego miro fijamente al Patriarca-. Desde el día de hoy serán maestro y alumna, compartirán entrenamientos, casa y comida...

- ¡No puede ser posible, Shion! -dice Milo, lo que no puede ser posible es que tengan tan poco respeto a la autoridad, psssttt, atenienses.

- Milord si el Caballero no quiere, no haré lo posible por la adaptación...

- Milo será tu Maestro, quiera o no¿verdad Milo? -dice una suave voz, Lady Flare se vuelve y sonríe tendiéndole una mano a la joven frente a ella; una joven de largos cabellos violáceos.

A su entrada todos los Caballeros, alumnos y el propio Patriarca hincan una rodilla en tierra; Lady Flare baja su mirada pero yo no puedo hacerlo, me quedo observando a aquella joven de aura tan parecida a Lady Hilda. Fuerte y gentil, ella se acerca a mí y sonríe alzando mi cabeza a su mirada, tan suave y tomándome por el mentón sonríe.

- Espero que estéis cómoda aquí Valquiria Alexiel.

- A... ¿Atenea?

La joven frente a mí sonríe, sus Caballeros se levantan menos Milo, quien está cerca de ella y sigue estático.

- Princesa Flare decidle al Guerrero Merak y a Lady Hilda que la joven estará bien, en cuanto acabe su entrenamiento volverá a Asgard, su Maestro será Milo de Escorpión en su primer tiempo con nosotros.

-Así se hará, mi Señora -dice Escorpio sin levantarse.

Al rato Milady Flare se despide de mí dejándome en aquel sitio, la casa del Escorpión Celeste donde ahora me encuentro escribiendo este diario. Ella me dijo que sería un buen recuerdo y una buena forma de desahogarme, y que esperaba que cuando terminase se lo mandara.

Al levantar el diario para cerrarlo, algo cayó de su interior. Alexiel lo tomó, era una foto de los Dioses Guerreros junto a Flare e Hilda. La nórdica volvió la foto y sonrió; "Sé fuerte y nunca olvides tu tierra. Te queremos" Era la letra de Siegfried y el recuerdo de todos los Dioses Guerreros de Asgard.

Mi reloj sigue funcionando igual que en Asgard, al mirar por la ventana he visto cómo el astro que domina el día griego comenzaba a levantarse. A toda prisa me levanté de la cama y tomé unas ropas que me proporcionaron antes de llegar a Escorpio, unas mallas a medio muslo negras, camiseta blanca y falda negra. A su lado una máscara, la miro y me río para mis adentros, ¿no se pensarán que yo voy a andar con eso por aquí, verdad?

Me lavo la cara y cepillo mi cabello, recogiéndolo en una cola alta para que no me moleste en mi entrenamiento. Las ropas que me dejaron me estaban como un guante y desechando la idea de colocarme esa máscara salí afuera del pequeño cuarto para verme cara a cara con mi ahora Maestro, Milo de Escorpio.

- ¿Y la máscara? -me preguntó frunciendo el ceño.

- Ahí dentro -respondo tranquilamente. Veo cómo enarca una ceja algo furioso.

- ¡Dentro del Santuario debes ponértela!

- Yo no vine aquí para ser una Amazona de Atenea, soy una futura Diosa Guerrera -respondo mientras aprieto un poco unas pequeñas pesas que ajusto a mis tobillos. El Caballero Dorado se queda mirándome fijamente e interrogándome con la mirada-. Son pesas de un kilo. En cada tobillo y en cada muñeca -digo enseñándole mis manos-, llevo un kilo de más de peso, ¿o es que tampoco me dejan?

- Es una buena idea -dice Milo con una pequeña sonrisa-, pero creo que deberías ponerte la máscara y llamarme Maestro, es lo mínimo -me dice con un tono que no es para nada autoritario, es como si quisiese hacerme una pequeña broma. Le observo y sonrió levemente, me recuerda mucho a Syd; aquel aire desenfadado y sobre todo galante.

- Lo de la máscara me niego, puesto que no soy ninguna Amazona de Atenea... Maestro -Milo ríe y sale fuera del Templo.

- Vamos a desayunar y luego empezaremos el entrenamiento.

Sigo a mi Maestro hacia el templo de la Diosa Atenea observando lo que me rodea aún cuando el sol no baña con sus rayos ni una pizca del Santuario, antes de llegar al siguiente Templo le alguien llama. Al volverme veo dos jóvenes de similar aspecto junto a una joven que parece de mi misma edad. Los tres tienen el cabello azulado como mi Maestro, pero la chica lo tiene algo más oscuro.

- Buenos días, alacrán -dice uno de ellos, el otro me hace una pequeña reverencia sin dejar de mirarme y sigue adelante-. Saga no te adelantes, espéranos -mi Maestro va tras de ellos y yo les sigo algo más alejada, quiero seguir observando los parajes griegos.

- Así que estás entrenando con Milo -me vuelvo y la joven de cabellos azules se queda parada. Su piel es morena y sus ojos verdes brillan con viveza-. Perdóname por lo abrupto -me dice la chica sonriendo mientras estira su mano hacia mí-. Me llamo Aleisha, yo tampoco soy Amazona de Atenea.

- Es verdad, no llevas máscara -le digo en forma de saludo y seguimos el camino.

- Soy parte de las huestes de Zeus, padre de Atenea -me vuelvo mientras la miro fijamente, es increíble aquí hay guerreras de diferentes sitios. Este Santuario tiene más sorpresas de las que me imaginé...

Me volví a la morena y seguimos subiendo escaleras, antes de llegar al Templo volvíamos a parar de nuevo. Volví mi mirada arriba, Capricornio.

- Aquí vive el más devoto de Athena, según dicen. -comenta la Amazona de Zeus-. Tiene una alumna, Zelha.

En ese instante ambos salen del Templo, el Caballero parece algo serio y como todos los que he tenido la suerte de ver también es atractivo, sólo que su mirada es bastante fría también. Veo cómo mi Maestro pone su mano alrededor de sus hombros y siguen arriba, en ese momento una joven sale corriendo del Templo tropezándose con Aleisha.

- Oye Cabrita, ten más cuidado... y saluda, que tenemos visita.

- Mier... -la aludida me mira y ríe medio incómoda al tiempo que Aleisha echa a caminar entre risas-. Perdón, es que Shura me ha tirado de la cama -me tiende la mano y hago lo mismo- Zelha, futura Amazona de Capricornio si es que la gracia de Atenea me lo permite.

- Alexiel de Merak, futura Diosa Guerrera de Polaris... -digo mientras le estrecho mi mano, mirándola, ella me observa tras de su máscara. Era la chica que ayer tanto me miraba-, por designios de Odín -terminé de decir recalcando el nombre de mi Dios.

Seguimos subiendo y cuando llegamos a Acuario escuchamos ruido de pelea, mi Maestro entra en tromba seguido de los gemelos, Shura y nosotras detrás cuando veo al Cisne parando los golpes de una chica de armadura sin rango aparente, quien le golpeaba fuertemente ante la pasividad de Camus.

- 100$ por Ninah.

- 200$ por Hyoga -dice Shura que se ha unido a nosotras.

- No hay más apuestas -sentencia Aleisha recogiendo el dinero mientras la tal Ninah, golpea con ganas al Cisne gritándole cosas como “asesino”.

Mi Maestro quiere meterse pero Camus no le deja, los gemelos ríen y echan porras a la joven, los miro a todos sin acabar de creérmelo. Quiero volver a Asgard, aquí todos andan locos...

En ese justo momento el Cisne arremete contra la joven, enarco una ceja y sonrió susurrando levemente la cantinela de mi ataque, aquello no parece ser un entrenamiento así que mejor le presto mi ayuda a la joven...

- Yunibaasu Furiijingu - como si fuera todo cronometrado la morena se echa a un lado mientras mi ataque rompe contra el Cisne, quien me mira ahora desde el suelo, confundido.

- Ya está bien Ninah, ve al templo de Atenea luego hablamos -le dice Acuario mientras ayuda a un sorprendido Hyoga a levantarse y nosotros comenzamos a salir del Templo junto a la joven Ninah, no sin que antes Camus y Milo me dedicaran una severa mirada.

- Toma Alex, al final ganaste tú -me dice Aleisha tendiéndome un dinero que guardo mientras sonrío maliciosa, golpear al Cisne es algo que relaja mucho.

- ¿Quién eres tú? -me pregunta la chica que peleaba en Acuario que, al igual que Zelha, porta una máscara.

- Me llamo Alexiel de Merak, vengo desde Asgard...

- Y está con Milo en su Templo -termina por apuntillar Aleisha ante la mirada inquisitiva hacia mí de Ninah y el suspiro de Zelha.

- Es mi Maestro -terminé por decir mientras la chica llega hasta Milo y los demás al templo de Athena, sentándose junto a los Caballeros Dorados. Yo camino junto a Aleisha y Zelha a un lado con más aprendices y guerreros de rango inferior.

- Ese es el lado de los caballeros de las 12 casas, además del burro alado y compañía -me dice Zelha-, Ninah es Aprendiza del Santo de Acuario, como es su hermano...

- ...Y le gusta Milo, por no decir que anda enamorada de él -apuntilla Aleisha mientras mira con disgusto y asco el desayuno - ¿Quién anda en la cocina haciendo ésta bazofia?

- Geki y June -dice un pequeño que justo ahora se sienta a su lado mirándome fijamente-. Tú eres la nórdica, la hermana de Merak, ¿verdad?

- Sí -contesto-, nos conocemos creo... pequeño.

- ¡¡Claro!! -dice riendo-. Soy Kiki, yo estuve en Asgard y cuidé de la princesa Flare cuando la pelea con tu hermano...

- Kiki -susurré antes de meter en mi boca algo de ese desayuno, que no tenía muy buena pinta. Aquello más que un desayuno en la parte de aprendices, terminó siendo una batalla campal de comida, o solo Odín sabía que cosa era aquello.

Justo cuando terminamos de desayunar mi Maestro me llevo al lugar de entrenamiento. El sol pegaba en aquel Coliseo como si la lava cayera alrededor, me dijo que empezara a correr, mínimo veinte vueltas. Suspiré y comencé a correr, algo monótono he de reconocer pero Milo me gritó que era para calentar los músculos. ¿Calentar? ¿Acaso con aquel calor hacía falta? Ni modos, treinta vueltas y otras tantas sentadillas, luego volver a correr... y ahí vino lo interesante.

- Milo...

Cuando me volví, ahí andaba de nuevo la chica de armadura extraña. Por culpa de la máscara no podía ver su mirada pero seguro que si matasen, sería la primera eliminada del juego. Ella se sentó al lado de él, quien sonrió como tonto, algo gracioso viendo como es, un grandioso Caballero Dorado... Me recuerda a Alberich cuando mira a Erin, o a mi hermano al estar al lado de la chiquita rubia...

- Oye niña -me vuelvo y veo a la chica frente a mí, desafiante, orgullosa. Sonreí y me eché hacia atrás, intentando que el sol no me deslumbrara.

- ¿Niña? Creo que lo de niña irá por ti, ¿no crees? -al instante sentí el Cosmo frío de la chica llenar el pequeño espacio entre las dos y sonreí- ¿Siberia?

- Así es -elevó más su Cosmo como dándome a entender algo, cerré los ojos y concentre mi propia energía, primero tan helada como la de ella y luego mas cálida que el propio calor asfixiante que se cernía sobre nosotros. Ella levantó su cara y me miró tras esa inexpresiva máscara- ¿Cómo es posible...?

- La casta, Ninah, la estirpe -susurré levemente-. Los Merak somos duales, como el día y la noche, la lluvia y el sol... -elevé mi Cosmo y sonreí-, como el hielo y el magma... -ella se volvió dándome la espalda.

- Sólo te aviso una cosa, no te acerques a Milo más que para lo necesario-Enarqué una ceja de sorpresa y tuve que dejar escapar la risa a lo que mi Maestro empezó a acercarse a nosotras.

- Te aseguro que lo último que haría, es meterme con un ateniense -ella se sorprendió por el leve sobresalto y se volvió a Milo.

Mi maestro la miró irse y suspiró sin poder dejar de mirarla, yo me recogí el cabello que volvía a soltárseme cuando vimos a Kanon llegar con Aleisha. La morena miro a Ninah y luego a mí, sonrió y quedo atrás de su Maestro.

- ¿Conoces la lucha que se hacía antiguamente en Atenas? -enarqué una ceja y miré a Milo, podía sentirme orgullosa de mis clases con Alberich.

- Bien, vamos a jugar a empujarnos -miré a Aleisha y me eché a reír.

- Juguemos...

Aleisha ríe y yo no puedo evitar esbozar una sonrisa en mis labios, esta chica aún sin conocerla ha hecho que yo crea en alguien más que en mi familia; la gran familia del norte de Europa.

-No valen Cosmo, ni ataques -grita el Maestro de mi compañera mientras palmotea la espalda de Milo. Ambas asentimos al grito de “ya” por su parte, nos tanteamos como dos lobos que están a punto de cazar su presa. Veo que Aleisha decide entrar y la esquivo, me mira ante las risas de mi Maestro y dejamos de jugar. Coloca sus manos en mis hombros y yo en los suyos.

- ¿Preparada, rubita? ¡No voy a dejarte ganar!

- Por fin alguien decente, creo que es por no ser de este Santuario -la Amazona de Zeus se ríe de mis palabras y me empuja un poco intentando desestabilizarme pero no lo logra. Al contrario recibe mi contraataque; la chica ríe y Milo se levanta observándome. En ese instante llegó algo que fue lo que terminó por desestabilizarme y haciendo que Aleisha me tirara y quedara sentada sobre mí.

Cuando me di cuenta tenía a la morena sentada en mi vientre gritando victoria, mientras los tres (Kanon, Milo y el recién llegado que me desestabilizo) hablaban en la arena del Coliseo.

- Oye Alex -me dice Aleisha levantándose y dándome una mano para levantarme-. Te gusta el Acuariano, ¿ne? -creo notar como las mejillas se me enrojecen violentamente. Cuando me vuelvo a dar cuenta veo a Ninah junto a los Maestros-. Vas a tener que lidiar con ella, es muy celosa con Camus.

- ¡¡Pero si no me interesa!! -termino gritando y todos me miran, Aleisha se echa a reír y yo me sonrojo aún mas. Me vuelvo a Milo y le hago una reverencia-. Maestro yo...

- Ven conmigo -me dice Camus, que no es más que quien logró desestabilizarme, saliendo del Coliseo y no puedo más que seguirle, como un corderito que llevan al matadero.

Él se detuvo a la entrada de las Doce Casas y se volvió, me miró fijamente y sentí cómo una corriente recorría mi cuerpo. Aquellos ojos de color índigo me llenan, me destrozan el alma y vuelven a recomponerla, jugando a su antojo.

- Lo que paso hoy con Hyoga, no volverá a pasar más ¿verdad?

- ¿Se refiere al ataque? Por ahora no -me cruzo de brazos intentando enfriar no sólo mi mirada, sino mi cuerpo sofocado por el calor.

- ¿Por qué quieres eliminarlo?

- Creo que tenéis la respuesta y realmente no soy yo quien debe darla, Caballero Camus, eso sería algo ilógico y estúpido -digo girándome hacia Aries, y pensando en volver a Escorpio, ya que Camus me entorpece el paso hacia el coliseo con su cuerpo.

-Ingeniosa Valquiria, muy ingeniosa -me vuelvo sonriendo y noto la extrañeza en sus ojos al verme sonreír.

- Touché -digo sonriendo y me vuelvo pasando a su lado, hacia el coliseo. Camus se vuelve y me ve marchar.


El resto del día paso normal, entrene más junto a Milo y conocí a varios Caballeros Dorados más, entre ellos el grandote Aldebarán, quien me pidió que fuera a su Templo a comer algo, porque decía que me veía algo delgada; y también a Aioria, 100% griego y encantador. Luego Aleisha me llevó junto a Zelha a las termas y a la Fuente de Atenea, que sería nuestro lugar de reunión…

Estuve casi 4 meses entrenando junto a Milo, cuatro meses donde mi fortaleza física aumentó y mis ataques, la mayoría de cuerpo a cuerpo, se fortalecieron mucho.

Entrenaba todos los días desde después del desayuno hasta el anochecer, entrenaba junto a Aleisha y su maestro Kanon con quienes entablé una buena relación. Igual con Zelha y su maestro Shura. La aprendiz de Acuario, Ninah y su hermano Camus estuvieron afuera unos meses; salieron un par de semanas después de mi entrada.

Todo iba bien para mí allí, jamás me imaginé que en un sitio como aquel mis horizontes podrían abrirse tanto. Allí había personas tan puras de alma como en Asgard, tan guerreros, tan fieles... Pero aquella mañana mis esquemas se cambiaron.

- Toma -dijo Milo nada más salí de la habitación.

- Primero: buenos días, alacrán superdesarrollado -le dije en tono de burla mientras me ponía las pesas de las muñecas-. Ya te dije cuando llegué que no me pondría esa cosa rara en la cara, no soy ninguna amazona como Marin o Zelha.

- Pero hoy vas a entrenar a Aries y te la tienes que poner; Mu puede sentirse incómodo.

Estupendo, este bicho superdesarrollado me manda a otro lado, ¿tan hastiado está de mí?

- Stop pequeño, ¿te crees que puedes y no deshacer conmigo lo que quieras? Creo que le dijiste a Atenea...

- Sé lo que le dije a ella, Blancanieves, y ella ha autorizado que sigas parte de entrenamiento con Mu. Necesitas más poder mental y yo no puedo dártelo. Los únicos que podrían serían Shion, Mu, Shaka o los gemelos; Kanon y Saga están ocupados con Aleisha y podrías volver loco a Buda. Shion tiene suficiente con el Patriarcado y Mu está acostumbrado a andar hiperactivo por culpa de Kiki -dijo Milo, sonriendo.

- Primero no me llames más Blancanieves, pincitas -dije riendo, aquel mote de Blancanieves impuesto por Zelha paso de boca en boca demasiado rápido-. Segundo, si ves que es lo mejor, lo haré. Te prometí seguirte como mi Maestro que eres y si tengo que ponerme esto para ir con Aries pues -tomé la máscara con una mano y caminé hasta la salida-. Hasta esta noche... pincitas.

Escuché las risas de Milo mientras salía de Escorpio hacia Aries pensando en todo lo que había pasado y en que hacía demasiado que no veía a mi familia. Llevaba casi medio año aquí, sin saber nada de ellos, lo ultimo que supe fue que mi hermano había vuelto unos días a Oslo, nada más.

- ¿Dónde vas, rubia? -escuche la voz tras de mí y me volví sonriendo.

- Aries, tengo doble maestro como tú, Aleisha....

- Eso es bueno, Mu es una buena persona. ¿Y eso? -me dijo señalando la máscara.

- Milo... me dijo que me la pusiera. Tal vez asuste a Aries. - Aleisha rió mientras entraba a Géminis.

- Ninguno de los caballeros se asusta de las mujeres, Blancanieves.

Suspiré y me coloqué aquella cosa de metal en la cara. Me sentía extraña, necesitaba aire, era como estar encerrada en una cárcel. Era algo horrible, claustrofóbico; de veras que Zelha y las demás amazonas se merecían el que les quitaran ya aquellas cosas.

Llegué a las puertas que daban la entrada al templo de Aries desde Tauro y me encontré a Kiki, el pequeño pelirrojo me miró extrañado y paro frente a mí.

- ¿Alex?

- Sí pequeño, vengo a entrenar con tu Maestro.

-Lo sabía, Mu me lo dijo. ¿Pero por qué llevas eso? Tú ya eres bonita tal como eres -sonreí a la picardía del pequeño y le revolví los cabellos.

-Cosas de adultos... -Kiki bufó en disgusto ante mi respuesta.

-Me gustas más sin eso, tus ojos desprenden luz -miré al pequeño sorprendida mientras entraba a Aries.

- No te metas en líos, ¿vale? -Kiki se despidió de mí con la mano mientras subía hacia Tauro, seguramente a probar alguno de los dulces que Aldebarán tendría a mano para el hiperactivo pelirrojo.

Aquel templo era todo lo contrario a Escorpio, era toda calma y tranquilidad. Se respiraba una paz extraña pero agradable. Era como pasear por los pasillos del Valhalla en las rondas de media noche.

- Bienvenida Alexiel de Merak... -aquella voz tan suave, tan alejada del mundo me sobresaltó. Agarré aquel estorbo que era la máscara con una mano y me paré.

- Gracias, Caballero de Aries...

- Llámame Mu -me cortó él, mientras salía a la luz sonriéndome suavemente. De repente se paró y miró fijamente a la máscara-. ¿Y eso?

- Cosas de Milo -susurré, me sentía mal con aquella cosa en mi cara. Vi cómo aquel joven se acercaba a mí y me quedé estática, mirando tras de la máscara aquellos ojos verdes, y aquellos extraños puntos violáceos en las ausentes cejas. Levantó una de las manos y rozó con dos dedos aquella máscara para luego quitarla con suavidad de mi cara, mirándome fijamente a los ojos.

- Así mejor, estás más hermosa si cabe -dijo sonriéndome.

Me sentí por un momento extraña, era como si hubiera soñado aquel momento. Trastabillé un par de pasos hacia atrás dando mi espalda contra una de las columnas. El Santo de Aries pareció caer de un sueño y me miró fijamente.

- Perdóname -susurró aun con la máscara en la mano. Yo estiré la mano y tomé aquella cosa de metal, observándola. Era de color plata y tenía dos extraños dibujos cruzando de un lado a otro-. No te la pongas, no me molesta.

Le miré con un brillo de esperanza y sonreí. Era un chico de más o menos mi edad, un poco más alto que yo pero dentro de él brillaba un Cosmos no sólo gentil, sino fuerte y lleno de poder.

- Gracias -le dije bajando mi mirada y ajustando las pesas de mis muñecas. Siento que el joven sonrió y pasó dentro de su Templo.

- Sígueme -escuché el eco que recorría el Templo mientras me hizo llegar hasta una puerta labrada con unos extraños motivos, pasé un dedo por ellos y la puerta se abrió dando paso a un pequeño jardín. Dos enormes árboles coronaban aquello, me acerqué a uno de los árboles y escalé hasta la copa.

- Es un árbol frutal, cuando este árbol de sus frutos es porque estarás preparada -miré hacia abajo y ahí estaba, calmo y con una sonrisa suave.

- ¿Y si jamás lo estoy?

- Jamás dará sus frutos, aunque te aseguro que te gustará verle florecer.

En ese momento el pequeño Kiki llega hasta nosotros con esa sonrisa que le caracteriza. Bajé del árbol y me quedé junto a él escuchando las primeras teorías que Mu nos explicaba.
Cuando nos damos cuenta estaba atardeciendo, me hubiera quedado una eternidad ahí escuchándole. Su tono de voz tan suave, tan calmado, tan lleno de calidad es totalmente distinto al de Camus. Parpadeé justo cuando andaba a medio camino llegando a Virgo, suspiré y comencé a correr hacia Escorpio; acabo de sentir algo que necesito ver con mis propios ojos. Shaka me ve pasar veloz y sonríe mientras una cucharada de helado de chocolate se pasa hasta su boca.

En los últimos escalones del templo tengo que pararme, me he quedado sin aire; además mi entrenamiento en Aries no ha sido nada físico por lo que si llegara así cansada llamaría mucho la atención. Y creo que la llamé.

- Pensé que te habías ido ya a tu Santuario, nórdica.

Al levantar la mirada la vi y sonreí, aquella máscara sin pizca de sentimientos...

- Ninah… - la mascara plateada frente a mí brillaba con los últimos rayos del sol. Eché mis cabellos hacia atrás y los recogí, intuía como el Cosmos de la chica se había hecho más fuerte-. Pues para tu información.... aún me queda mucho aquí.

- Te sentí en Aries, ¿qué haces aquí? -ouch, eso fue un golpe bajo. Sonreí y llegué a su altura.

- Simplemente tengo entrenamientos teóricos con Mu, y físicos con Milo -el aura que la rodeaba se hacía peligrosa. Tan peligrosa que cuando me di cuenta...

- ¡¡Orora Borearisu!! -salté a uno de los pilares derruidos, cayendo con un solo pie, y sonreí elevando mi Cosmos. ¿Quería pelea? Bien, pues aquí la tendría.

- ¡¡Yunibaasu Furiijingu!! -Aire helado contra aire helado, nuestras fuerzas son tan parecidas que asombran. Ella retira su mano al igual que yo y el ataque se fulmina llegando al cielo y al caer parece como si una pequeña nevada diera la bienvenida a nuestra pelea.

Ninah volvió a quedar en posición de ataque, sé que estaba sonriendo y yo a mi vez sonreí, algo he aprendido aquí y es a distinguir más rápidamente los puntos débiles de cualquier guerrero. Ella vuelve a atacarme con su Aurora Boreal pero jamás se esperó que alrededor de mí se concentre tanto calor, sobre todo cuando segundos antes mi aura ha estado tan fría como los glaciares de Asgard.

- ¡¡Great Ardent Pressure!! -de mi alrededor y de mis propias manos se empieza a desprender calor, una barrera de lava ardiente se alza brillante y hacia ella. Pero en ese momento un contraataque de hielo intentó romper mi barrera sin éxito, derribando a una sofocada Ninah y sacando la máscara de su cara. Me di cuenta del alcance de mi ataque al verla apoyada en sus rodillas y la máscara a sus pies. Aún así me cansó demasiado y eso que no es ni la mitad del ataque de Hagen.

- Jamás pensé que fueras tan fuerte, nórdica -dijo respirando agitadamente, mientras vio como yo también caía, mucho entrenamiento aunado a un ataque así. La miro y sonrío, es muy hermosa; tiene unos enormes ojos verdes parecidos a los de su hermano y su piel es blanca. Ahora comprendo porque mi maestro está loco por ella, pero sigo sin entender el por qué de esconder esa belleza al mundo.

- Eres muy fuerte Ninah, pero aún no comprendo por qué peleamos…-susurré con la respiración agitada.

- No quiero que te quedes con Milo -estallé en risas mientras la observo colocarse aquella cosa de metal de nuevo en la cara. No puedo levantarme así que me siento en el suelo intentando calmar la risa.

- Puedes estar tranquila, sólo lo quiero como Maestro... no me interesaría en él lo mínimo- Ninah me miró extrañada y luego sonrió comprendiendo lo que le he dicho.

- ¿Amigas? -me preguntó acercándose a mi y tendiéndome su mano.

- Claro -sonrió tomándola y empezando a caminar hacia Escorpio hombro con hombro-. Menudo par de tontas somos -Ninah sólo ríe, viendo que la salida nunca ha sido la pelea.
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